El entrenamiento en bicicleta de BTT vs. carretera

Aunque en esencia sean ejercicios de una misma modalidad deportiva, y aun teniendo como objetivo la preparación para pruebas de BTT, a menudo surge la duda sobre cuál de las opciones es más eficiente en términos de entrenamiento: ¿Entrenamiento en carretera o BTT?

En mi opinión, debería ser una cuestión más debatida, desde una perspectiva que analice cuál de las dos opciones es realmente la más eficiente para mejorar nuestro rendimiento deportivo.

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En realidad, ambas posibilidades son válidas, aunque el sentido común suele afirmar que el entrenamiento en carretera es más eficiente y permite ganancias de resistencia y fuerza más significativas. ¿Es realmente así?

Considero que ambas opciones son válidas, aunque cuando pretendemos realizar intensidades específicas de entrenamiento, como series de corta o larga duración, el entrenamiento en carretera es donde más fácilmente controlamos las variables por las que guiamos el entrenamiento: frecuencia cardíaca, potencia y cadencia, debido al perfil lineal del terreno en cuestión.

Esto se debe a que en carretera conseguimos mantener estos indicadores de nuestro esfuerzo físico más controlados, lineales y dentro de las zonas objetivo establecidas. Por otro lado, cuando salimos de carretera, las irregularidades del terreno obligan a constantes oscilaciones de fuerza (potencia), que implican también necesariamente variaciones más frecuentes de la cadencia de pedaleo. Esta inestabilidad del terreno también hace que la frecuencia cardíaca esté siempre bastante alterada, ya que es un indicador del entrenamiento que es fácilmente influenciable por estas alteraciones del perfil del recorrido, como por el propio impacto del terreno y las constantes oscilaciones del trayecto que adoptamos.

Además de lo ya mencionado, fuera de carretera siempre existen pequeños obstáculos (raíces, agujeros, piedras, etc.) que «obligan» a una constante toma de decisión sobre el recorrido a adoptar. Toma de decisión o concentración suplementaria que también interfiere en nuestro comportamiento cardíaco, por lo que este indicador queda demasiado oscilante para convertirse en una herramienta fiable para guiar nuestro entrenamiento.

Así, el entrenamiento en terrenos irregulares es importante cuando los objetivos de entrenamiento son más amplios y de menor rigor físico, pasando a dar más prioridad en estos entrenamientos a la adaptación a la bicicleta de BTT, a los impactos, a las zonas técnicas, etc.

A pesar de estas consideraciones, al optar por entrenar en carretera siempre nos quedamos con dos opciones: ¡la bicicleta de carretera o la de BTT!

La opción más común es la bicicleta de carretera, ya que permite ejecutar con relativa facilidad y sin adaptaciones un entrenamiento con mayor volumen de kilómetros, mayor intensidad (debido a los propios desarrollos de la bicicleta) y medias más elevadas en la mayoría de los indicadores de entrenamiento, entre otros.

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¿La opción de la bicicleta de BTT queda completamente descartada?

¡No! Podemos realizar un trabajo tan eficiente con esta bicicleta como con la bicicleta de carretera. Sin embargo, existen algunos detalles que debemos tener en cuenta para que ese entrenamiento sea efectivamente idéntico: el cambio de los neumáticos de BTT por neumáticos sin «pitones» y considerar el cambio de los desarrollos normales de la bicicleta por la posibilidad de desarrollos más pesados y más cercanos a los de la bicicleta de carretera. Estas dos importantes adaptaciones son cruciales, ya que permiten disminuir la resistencia al rodaje y, al mismo tiempo, aumentar la intensidad del entrenamiento al incrementar la fuerza necesaria para hacer avanzar la bicicleta.

Es normal realizar recorridos más largos cuando nos desplazamos con una bicicleta de carretera, una situación que no es en absoluto la más importante. Al optar por la opción BTT, conseguimos realizar la misma duración de entrenamiento (principal indicador del volumen de entrenamiento), lo que nos permite ejecutar potencias de entrenamiento idénticas y alcanzar los mismos objetivos. Todo esto con dos ventajas en relación con la bicicleta de carretera que son de extrema importancia: una mayor familiarización del atleta con su bicicleta de competición (las geometrías y los ángulos de posicionamiento son dispares) y, lo que es más importante aún, normalmente conseguimos realizar cadencias medias de entrenamiento más altas que en bicicletas de carretera.

La posibilidad de ejecutar cadencias de pedaleo más elevadas es muy beneficiosa para el atleta, ya que lo hará más eficiente desde el punto de vista biomecánico y fisiológico. Una mayor repetición del gesto técnico fundamental de una modalidad deportiva hará que ese gesto sea progresivamente más eficaz. A nivel fisiológico, una mayor cantidad de movimiento generará un mayor número de ciclos de suministro de energía a los músculos activos para las diferentes intensidades adoptadas, por lo que estamos privilegiando de esta forma la optimización de la utilización de los recursos energéticos disponibles.

En términos de conclusión, verificamos que ambas hipótesis son válidas, teniendo cada una de ellas aspectos positivos que debemos ponderar según cada caso y de acuerdo con nuestras posibilidades. Esto, para hacer la ejecución del entrenamiento en sí más práctica. Pues lo más importante de todo es entrenar y disfrutar al máximo de esta fantástica modalidad deportiva y de todos los beneficios que nos puede proporcionar.

 

¡Buenos entrenamientos!

Tiago Aragão

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Sobre el autor

Artículo de , Director Técnico, Fisiólogo y Endurance Coach en el CTAD. Consulta la formación y la trayectoria en la biografía de Tiago Aragão.


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