La cadencia en el Ciclismo
Siendo el gesto base de trabajo del ciclista, es un aspecto muchas veces descuidado en el entrenamiento. A pesar de que existen herramientas de control en tiempo real de la velocidad a la que pedaleamos, es normal que sea uno de los indicadores del ritmo de entrenamiento más descuidado por el ciclista, habiendo incluso quienes no han montado en su bicicleta un simple sensor de cadencia. Esto, en lugar de toda la tecnología y materiales de alta calidad que la bicicleta pueda albergar.

Preciosismo o no
En una sociedad “velocipedista” en la que se mira demasiado el peso y el diseño de los materiales, es normal constatar lo que se ha referido anteriormente, y encontrar velocípedes que cuestan unos miles de euros sin que estén equipados con los requisitos mínimos para un entrenamiento con alguna calidad. Más que un utensilio de entrenamiento, es una de las herramientas fundamentales que influye directamente tanto en el entrenamiento como en la salud (mejora del trabajo físico a implementar). Y, al fin y al cabo, si analizamos la inversión inherente a un GPS, monitor de frecuencia cardíaca y cadencia, acaba por ser irrisoria en el monto global que involucra el cuadro y los restantes componentes mecánicos.
Cadencia
Según el perfil del terreno que encontramos, automática y en la mayor parte de las veces inconscientemente, adaptamos el ritmo de pedaleo a la facilidad o dificultad de desplazamiento encontrada. Resulta que un ciclista experimentado adapta automáticamente su relación de marchas (desmultiplicaciones), manteniendo cierta linealidad en su cadencia de pedaleo.
Esto ocurre con naturalidad debido a la necesidad de mantener homogéneo el ritmo/intensidad de entrenamiento, sin oscilaciones significativas que implicarán alternancias más o menos marcadas en el metabolismo energético involucrado para el esfuerzo en cuestión, y con ello, poder influir directamente en su disponibilidad física a corto o medio plazo.

Cadencia óptima
Fácilmente se desprende que un ritmo ligero implica desde luego un menor gasto energético, al mismo tiempo que, incrementando la fuerza del pedaleo y disminuyendo la cadencia, el esfuerzo involucrado crece proporcionalmente, conduciendo al individuo más precocemente a una situación de fatiga, que puede ser más o menos acentuada.
En este sentido, y en la línea de la evolución que el ciclismo ha registrado en las últimas décadas, hoy se recurre normalmente a un ritmo de pedaleo superior a 90 rotaciones por minuto, siendo natural verificar que los ciclistas de mayor nivel competitivo ya presentan registros superiores a 100 o más.
A pesar de que parecen ritmos de pedaleo exageradamente altos, la evolución del entrenamiento y de los atletas se ha dirigido mucho en ese sentido, tanto por la creciente eficiencia biomecánica y fisiológica que proporcionan las cadencias elevadas, como por los mejores resultados mecánicos alcanzados (tracción del velocípedo), a medida que aumentan las cadencias.
Es en este sentido que hoy se orienta y condiciona el entrenamiento de los ciclistas hacia cadencias más altas, de forma a también hacer el organismo más eficiente en el proceso de transporte energético hasta los músculos activos, así como en la ejecución del propio gesto técnico, pues exigirá un mayor volumen de repetición sistemática del acto de pedalear. Esta combinación lleva a que el ciclista tenga una adaptación mayor, que es fácil de analizar por la diferencia verificada en el número de pedaladas/entrenamiento ejecutadas, al aumentar por ejemplo la cadencia media de entrenamiento de 80 a 90 o 95 rpm – que en una semana de entrenamiento pueden significar más 12000 pedaladas, y en un mes más 50000! Es decir, para una igual duración de entrenamiento, la cantidad de trabajo aumenta muy significativamente.

La escuela antigua y el trabajo de fuerza
Sin embargo, todavía existen situaciones en las que se recurre a cadencias más bajas y marchas más pesadas para desarrollar el trabajo de fuerza de los atletas. Siendo un trabajo con pertinencia y significado fisiológico importante, es, no obstante, un recurso que poco a poco va entrando cada vez más en desuso. Esto ocurre principalmente por buscar cada vez más un tipo de entrenamiento más dirigido a la realidad y más específico, y desvalorizando al mismo tiempo este trabajo más condicionado.
Así, a pesar de que todavía se recurre a un entrenamiento con cadencias más lentas, se recurre cada vez menos a cadencias tan pesadas y marchas tan altas, como se utilizaban antiguamente. En su lugar, se busca una relación entre cadencia y marchas más cercana a la realidad, promoviendo más fuerza, pero no siendo un trabajo en intensidad tan notorio y de cadencias tan marcadas.
Por otro lado, y como a lo largo de los varios meses de entrenamiento que componen la temporada deportiva, siguiendo las nuevas tendencias, la cantidad de entrenamiento y la consecuente tasa de producción de fuerza crecen muy considerablemente en relación a lo que se hacía antiguamente, por lo que los índices de fuerza/potencia de los atletas también son mayores y presentan al mismo tiempo menores necesidades de fuerza que sus antecesores.
¡Buenos entrenamientos!
Tiago Aragão
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